Nací cerca del 150° aniversario de la patria y del año sanmartiniano , en un hogar de hijos de inmigrantes que veinteañeros apostaron a un futuro mejor y crecieron cultural y económicamente.
Mis nietos durmieron en casa y les conté el cuento de la patria, nos vestimos con ánimo festivo y salimos rumbo al desfile militar , sin preconceptos sobre esas fuerzas les conté que acompañaron la gesta de la independencia; con banderitas celestes y blancas que nos regalaron en Mac Donald (pasé por alto la contradicción); paramos en el puesto de las escarapelas y les colocamos a cada uno de ellos una, como la de la bobe, que viene luciendo durante toda la semana.
Sobre los hombros del abuelo vivaron la patria una y otra vez al igual que miles de personas que no conocemos y que al lado nuestro se emocionaron como nosotros; reconciliarnos con la patria , con sus valores, recuperar la esperanza de la grandeza, de las misiones posibles, de los ideales que a nuestra generación nos hizo crecer y educarnos, en unas horas volví a creer en que podemos; que "las rencillas son boludeces" como dijo el presidente del Uruguay; que si tenemos gente que puede restaurar un coloso del arte sin perder su esencia, cómo no vamos a poder resataurar la economía, la educación , la seguridad, la capacidad de trabajo y de creación; sí, mis nietos tiene que ver la posibilidad del país grande, de los estadistas, de los poetas, de los maestros- tiene que ver una Argentina grande.
25 de mayo 2010