Buscar este blog

jueves, 25 de septiembre de 2014

En épocas de consulta para el nuevo Diseño Curricular en la CABA, un cuento para compartir...


 Ciegos y un elefante

Seis hindúes sabios, inclinados al estudio, quisieron saber qué era un elefante. Como eran ciegos, decidieron hacerlo mediante el tacto. El primero en llegar junto al elefante, chocó contra su ancho y duro lomo y dijo: «Ya veo, es como una pared». El segundo, palpando el colmillo, gritó: «Esto es tan agudo, redondo y liso que el elefante es como una lanza». El tercero tocó la trompa retorcida y gritó: «¡Dios me libre! El elefante es como una serpiente». El cuarto extendió su mano hasta la rodilla, palpó en torno y dijo: «Está claro, el elefante, es como un árbol». El quinto, que casualmente tocó una oreja, exclamó: «Aún el más ciego de los hombres se daría cuenta de que el elefante es como un abanico». El sexto, quien tocó la oscilante cola acotó: «El elefante es muy parecido a una soga». Y así, los sabios discutían largo y tendido, cada uno excesivamente terco y violento en su propia opinión y, aunque parcialmente en lo cierto, estaban todos equivocados.

La paradoja  plasmada en esta historia demuestra que, aunque una persona diga blanco y otra negro, ambas pueden equivocarse y tener razón al mismo tiempo.

Es probable que cada uno de los sabios tuviera razón, pero a su vez la mirada era parcial desde lo que podían percibir; quién miraba al elefante en su totalidad, para definirlo?

Se me ocurrió este cuento para compararlo con lo que nos pasa con la caja curricular; seguramente todos los referentes, profesores, equipos tienen razón; pero desde la mirada parcial que les da su campo disciplinar.

La pregunta ( una de las tantas) es ¿quién mira la totalidad, la articulación de cada uno de los elementos del currículum, los intereses de cada uno de los actores?

 

En época de reforma


"El hombre mediocre", libro de José Ingenieros, publicado en 1913, nos dice que:

 

"El hombre mediocre es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se vuelva parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue ciegamente. El mediocre es dócil, maleable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social. Vive según las conveniencias y no logra aprender a amar. En su vida acomodaticia se vuelve vil y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes ni santos.

 

Un hombre mediocre no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido por tradición (aquí se ve en parte la idea positivista de la época, el hombre como receptor y continuador de la herencia biológica), sin darse cuenta de que justamente las creencias son relativas a quien las cree, pudiendo existir hombres con ideas totalmente contrarias al mismo tiempo. A su vez, el hombre mediocre entra en una lucha contra el idealismo por envidia, intenta opacar desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no se ponga por encima de sí."

 

Están, nuestros políticos, en este perfil, o son, quizás, profesionales de segunda fila, que el único camino que tienen para triunfar es la política; o son profesionales que intentan imponer sus ideas porque creen que son las únicas acertadas y adecuadas; o son profesionales de la especulación y del engaño: o son profesionales de la oratoria y de la comunicación.

 

No nos perdamos, en realidad, los políticos, son simplemente las personas votadas, por millones de personas votantes, que faltaría clasificar, porque en ellas, está la razón por la que podemos elegir políticos mediocres o elegir políticos idealistas.


Si sólo nos miramos a nosotros mismos, no saldremos de lo mediocre, sino que persistiremos en ello. Si abrímos nuestra mirada más allá de nosotros, podremos dejar lo mediocre y crecer.
José Ingenieros, en su libro, nos dice: "La rutina es el hábito de renunciar a pensar". No caigamos en ella.

Hasta pronto.

sábado, 12 de julio de 2014

Una vida en paz



Comparto con ustedes una hermosa canción que quizás hubiera querido componer, pero alguien lo hizo mejor que yo...