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jueves, 25 de septiembre de 2014

En época de reforma


"El hombre mediocre", libro de José Ingenieros, publicado en 1913, nos dice que:

 

"El hombre mediocre es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se vuelva parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue ciegamente. El mediocre es dócil, maleable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social. Vive según las conveniencias y no logra aprender a amar. En su vida acomodaticia se vuelve vil y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes ni santos.

 

Un hombre mediocre no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido por tradición (aquí se ve en parte la idea positivista de la época, el hombre como receptor y continuador de la herencia biológica), sin darse cuenta de que justamente las creencias son relativas a quien las cree, pudiendo existir hombres con ideas totalmente contrarias al mismo tiempo. A su vez, el hombre mediocre entra en una lucha contra el idealismo por envidia, intenta opacar desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no se ponga por encima de sí."

 

Están, nuestros políticos, en este perfil, o son, quizás, profesionales de segunda fila, que el único camino que tienen para triunfar es la política; o son profesionales que intentan imponer sus ideas porque creen que son las únicas acertadas y adecuadas; o son profesionales de la especulación y del engaño: o son profesionales de la oratoria y de la comunicación.

 

No nos perdamos, en realidad, los políticos, son simplemente las personas votadas, por millones de personas votantes, que faltaría clasificar, porque en ellas, está la razón por la que podemos elegir políticos mediocres o elegir políticos idealistas.


Si sólo nos miramos a nosotros mismos, no saldremos de lo mediocre, sino que persistiremos en ello. Si abrímos nuestra mirada más allá de nosotros, podremos dejar lo mediocre y crecer.
José Ingenieros, en su libro, nos dice: "La rutina es el hábito de renunciar a pensar". No caigamos en ella.

Hasta pronto.

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