"El hombre
mediocre", libro de José Ingenieros, publicado en 1913, nos dice que:
"El hombre
mediocre es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le
propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda
rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se vuelva parte de un
rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue
ciegamente. El mediocre es dócil, maleable, ignorante, un ser vegetativo,
carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y cómplice de los
intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social. Vive según las
conveniencias y no logra aprender a amar. En su vida acomodaticia se vuelve vil
y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes ni santos.
Un hombre
mediocre no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido por tradición (aquí
se ve en parte la idea positivista de la época, el hombre como receptor y
continuador de la herencia biológica), sin darse cuenta de que justamente las
creencias son relativas a quien las cree, pudiendo existir hombres con ideas
totalmente contrarias al mismo tiempo. A su vez, el hombre mediocre entra en
una lucha contra el idealismo por envidia, intenta opacar desesperadamente toda
acción noble, porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca
sea reconocido y de que no se ponga por encima de sí."
Están, nuestros
políticos, en este perfil, o son, quizás, profesionales de segunda fila, que el
único camino que tienen para triunfar es la política; o son profesionales que
intentan imponer sus ideas porque creen que son las únicas acertadas y
adecuadas; o son profesionales de la especulación y del engaño: o son
profesionales de la oratoria y de la comunicación.
No nos perdamos, en realidad, los políticos, son simplemente las personas
votadas, por millones de personas votantes, que faltaría clasificar,
porque en ellas, está la razón por la que podemos elegir políticos mediocres o
elegir políticos idealistas.
Si sólo nos miramos a nosotros mismos, no saldremos de lo mediocre, sino que persistiremos en ello. Si abrímos nuestra mirada más allá de nosotros, podremos dejar lo mediocre y crecer.
José Ingenieros, en su libro, nos dice: "La rutina es el hábito de renunciar a pensar". No caigamos en ella.
Hasta pronto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario