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jueves, 25 de septiembre de 2014

En épocas de consulta para el nuevo Diseño Curricular en la CABA, un cuento para compartir...


 Ciegos y un elefante

Seis hindúes sabios, inclinados al estudio, quisieron saber qué era un elefante. Como eran ciegos, decidieron hacerlo mediante el tacto. El primero en llegar junto al elefante, chocó contra su ancho y duro lomo y dijo: «Ya veo, es como una pared». El segundo, palpando el colmillo, gritó: «Esto es tan agudo, redondo y liso que el elefante es como una lanza». El tercero tocó la trompa retorcida y gritó: «¡Dios me libre! El elefante es como una serpiente». El cuarto extendió su mano hasta la rodilla, palpó en torno y dijo: «Está claro, el elefante, es como un árbol». El quinto, que casualmente tocó una oreja, exclamó: «Aún el más ciego de los hombres se daría cuenta de que el elefante es como un abanico». El sexto, quien tocó la oscilante cola acotó: «El elefante es muy parecido a una soga». Y así, los sabios discutían largo y tendido, cada uno excesivamente terco y violento en su propia opinión y, aunque parcialmente en lo cierto, estaban todos equivocados.

La paradoja  plasmada en esta historia demuestra que, aunque una persona diga blanco y otra negro, ambas pueden equivocarse y tener razón al mismo tiempo.

Es probable que cada uno de los sabios tuviera razón, pero a su vez la mirada era parcial desde lo que podían percibir; quién miraba al elefante en su totalidad, para definirlo?

Se me ocurrió este cuento para compararlo con lo que nos pasa con la caja curricular; seguramente todos los referentes, profesores, equipos tienen razón; pero desde la mirada parcial que les da su campo disciplinar.

La pregunta ( una de las tantas) es ¿quién mira la totalidad, la articulación de cada uno de los elementos del currículum, los intereses de cada uno de los actores?

 

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